El lunes por la mañana, la oficina de «TecnoSoluciones S.A.» amaneció con un aura diferente. No era el café aguado ni el aire acondicionado que siempre falla; era la presencia de un hombre con traje de tres mil euros, zapatos que brillaban más que las ideas del gerente y una carpeta de cuero que parecía contener los planos para colonizar Marte.
Lo llamaremos «El Arquitecto». No tiene ni idea de qué tornillo se aprieta en la planta, ni sabe cómo suena el corte de una chapa en una máquina láser, pero le han pagado un dineral para que «optimice la fuerza comercial». En dos días, el Arquitecto ya ha decidido que las zonas de ventas están mal repartidas, que las comisiones son demasiado generosas y que el equipo de ventas, que lleva diez años trayendo el pan a casa, «no tiene la mentalidad adecuada».
Cuando el objetivo es tener a quién culpar
La realidad detrás de estos movimientos no suele ser la eficiencia, sino el miedo. El gerente de turno tiene una junta de accionistas a la vuelta de la esquina y unos objetivos de crecimiento que ni siquiera en una noche de borrachera se creerían.
Aquí empieza el juego del chivo expiatorio:
- La cortina de humo: Si el plan falla (que fallará), el gerente no dirá: «Me he inventado unos números imposibles». Dirá: «Contraté al consultor más caro del mercado, pero el equipo comercial no ha sabido adaptarse a la nueva filosofía disruptiva».
- La purga silenciosa: Para cuando los resultados caigan en picado, el consultor ya habrá cobrado sus honorarios y se habrá ido a otra empresa a vender la misma moto. Mientras, los comerciales de siempre —los que saben quién paga las facturas y conocen los nombres de los clientes— ya habrán pedido la baja por estrés o habrán hecho las maletas hacia la competencia.
Ejemplos reales de «pacotilla» en acción
He visto situaciones que harían llorar a un estoico:
- El cambio de zonas por geografía, no por clientes: Consultores que redibujan el mapa sin mirar el CRM, separando a un comercial de una cuenta que lleva cultivando años. Resultado: el cliente se siente huérfano y el comercial, insultado.
- El sistema de comisiones «cero»: Inventar tramos de comisión tan complejos que parecen algoritmos de encriptación militar. Cuando el comercial no entiende cuánto va a cobrar a final de mes, deja de vender y empieza a buscar trabajo en LinkedIn.
- El «Reporting» destructivo: Obligar a un comercial a dedicar tres horas al día a rellenar excels innecesarios. Esos tres minutos que usaban para llamar a un cliente ahora se pierden en burocracia inútil.
Si estás en una empresa donde el consultor de turno está intentando enseñarte a «vender hielo en el polo» mientras ignora la realidad técnica de vuestro producto, prepárate. Están dinamitando los cimientos de la casa solo para que el gerente tenga una excusa preparada en su próxima reunión.
No dejes que los manuales de autoayuda corporativa te nublen el juicio. Vender es conocer el terreno, al cliente y la herramienta. Si te sientes perdido en medio de esta locura de consultores de pacotilla, quizás es hora de volver a los básicos antes de que el barco se hunda del todo.
Si quieres recuperar el control, dejar de seguir tácticas de manual y empezar a vender de verdad —sin que nadie te imponga zonas absurdas o sistemas de comisiones que parecen un timo—, necesitas herramientas que funcionen de verdad.

Deja de aguantar consultores inútiles y aprende a «Vender como un cabrón» aquí
Es todo
Espero que te haya gustado y nos leemos en la próxima entrada.



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