A Dani siempre le dijeron que tenía “don de gentes”. En el curro lo idolatraban como el típico comercial nato: hablador, simpático, caía bien a todo el mundo. Pero lo que nadie veía es que, cuando se trataba de cerrar ventas reales, Dani empezaba a flojear. Porque sí, tener labia ayuda… pero no es suficiente. […]



